Ana Obdulia Gama, quien es egresada de la Universidad de Colima y ejerce la medicina veterinaria, reconoce en una entrevista que cumplir ese sueño también significó enfrentarse a los prejuicios que todavía existen hacia las mujeres en una profesión que durante mucho tiempo estuvo dominada por hombres.
En el marco del Día del Médico Veterinario Zootecnista, que se conmemora este lunes 17 de agosto, la especialista compartió que desde su etapa universitaria encontró personas que dudaron de sus capacidades simplemente por ser mujer: “Llegué a encontrarme con personas que, simplemente por ser mujer, dudaban de mis capacidades o pensaban que quizás no estaba hecha para ejercer en veterinaria”.
El reto continuó al incorporarse al ámbito laboral, donde encontró que muchas clínicas y espacios profesionales eran dirigidos principalmente por hombres. Ello, dijo, la llevó en ocasiones a tener que demostrar constantemente sus conocimientos y preparación para ocupar un lugar dentro de su profesión.
Sin embargo, lejos de representar un límite, esas experiencias también fueron parte de un proceso que hoy le permite reconocer cuánto han avanzado las mujeres en la medicina veterinaria donde, dijo, “cada vez somos más mujeres que decidimos abrir nuestros propios consultorios, nuestras clínicas o un espacio profesional”.
Para Ana Obdulia Gama, ese cambio no solamente representa una conquista personal, sino una oportunidad para que las nuevas generaciones de mujeres encuentren un camino más abierto. “Es muy bonito ver cómo vamos abriendo camino para que las demás que están ya en este proceso académico tengan esa iniciativa”, señaló.
Y aunque reconoce que todavía existen retos, considera que la capacidad para ejercer una profesión no está determinada por el género: “El amor, el compromiso y la capacidad para cuidar a un animal no tienen género”.
Desde pequeña, recordó, sentía la necesidad de ayudar a cualquier animal que encontrara herido, incluso insectos, aunque entonces no sabía cómo hacerlo. Esa inquietud infantil se convirtió en una profesión que, asegura, le permite no solamente mejorar la vida de los animales, sino también ayudar a las familias que los consideran parte de su hogar.
“Al ayudar a un animal que tiene dueño, también estoy ayudando a su familia que lo quiere y confía en mí”, explicó. Por eso, al hablar de las nuevas generaciones de mujeres que desean convertirse en veterinarias, su mensaje es directo: que no permitan que los prejuicios definan hasta dónde pueden llegar. Ana Obdulia Gama sabe de lo que habla: ella también fue aquella niña que soñaba con curar animalitos, y hoy puede decir que lo consiguió.
