La presencia del gusano barrenador en Colima llega en un momento particularmente complicado para los productores pecuarios, quienes además de enfrentar mayores exigencias sanitarias, también lidian con la disminución en el precio del ganado y la baja rentabilidad de las actividades del campo.
El médico veterinario Flavio Enrique Chávez Cárdenas advirtió que el problema no debe minimizarse, pues cada animal afectado representa una posible pérdida económica para el productor y, en casos graves, incluso la pérdida de parte de su patrimonio.
Explicó que el gusano barrenador es provocado por las larvas de la mosca Cochliomyia hominivorax, que se alimentan de tejido vivo y generan lesiones en los animales. Aunque México logró erradicar esta enfermedad en 1991, el padecimiento volvió a representar un riesgo sanitario y a principios de este año se confirmó el primer caso en Colima, en la comunidad de Estapilla.
Ante ese escenario, Chávez Cárdenas consideró necesario que ganaderos y autoridades fortalezcan las medidas de vigilancia y atención, particularmente porque se trata de una enfermedad de reporte obligatorio.
El especialista subrayó que notificar un caso no significa que el rancho vaya a ser puesto en cuarentena, que los animales serán decomisados o que el productor será señalado, por lo que llamó a evitar que el temor a esas consecuencias lleve a ocultar posibles casos.
En caso de detectar una lesión sospechosa, explicó, el tratamiento contempla la limpieza de la herida, la extracción de las larvas, la aplicación de ivermectina por vía subcutánea y el uso de polvo cicatrizante.
Para confirmar un posible caso, recomendó recolectar entre 3 y 5 larvas, colocarlas en un recipiente con alcohol y entregarlas al Comité de Fomento y Protección Pecuaria para su análisis.
El veterinario planteó además la necesidad de acercar los mecanismos de diagnóstico a las comunidades rurales mediante centros de recepción de muestras distribuidos en diferentes municipios. Con ello, dijo, se reducirían los traslados y los gastos que actualmente debe asumir el productor para llevar las muestras.
“Cuando un animal muere, el productor pierde ingresos, patrimonio y confianza”, afirmó, al insistir en que el gusano barrenador debe ser atendido como un problema que puede tener consecuencias económicas importantes para las familias dedicadas a la ganadería.
A ese panorama se suma la caída en los precios del ganado. Chávez Cárdenas señaló que el becerro, que anteriormente alcanzaba entre 88 y 90 pesos por kilogramo, actualmente ronda los 84 pesos; la vaquilla se ubica alrededor de los 75 pesos y la vaca entre 45 y 50 pesos por kilogramo.
También reportó una reducción en el precio del cerdo, que pasó de aproximadamente 43 a 36.50 pesos por kilogramo.
De manera preliminar, atribuyó parte de esa disminución al incremento en la importación de carne de otros países, lo que estaría repercutiendo en los ingresos de los productores nacionales.
En medio de esas dificultades, consideró favorable la reapertura de la frontera estadounidense para la exportación de ganado a partir de agosto, aunque anticipó que el reforzamiento de las inspecciones sanitarias relacionadas con el gusano barrenador implicará nuevos gastos para los ganaderos, principalmente por los requisitos, trámites y documentación que deberán cumplir.
Chávez Cárdenas señaló que la situación refleja las dificultades que atraviesa actualmente el campo, donde la falta de rentabilidad ha llevado a algunos productores a reducir sus actividades e incluso a dejar de sembrar, por lo que llamó a que la atención del gusano barrenador se acompañe de medidas que permitan proteger también la economía de quienes viven de las actividades agropecuarias.
