Zacualpan sabe a ciruela: estos son los platillos que preparan en esta época


En Zacualpan, municipio de Comala, la ciruela no solo cae de los árboles: marca el tiempo. A mediados de abril, cuando el calor empieza a asentarse en la sierra y el aire trae ese olor entre dulce y ácido que anuncia cosecha, las huertas comienzan a llenarse de color. Rojas, amarillas, pequeñas, reventadas por el sol. Ciruelas. Muchas ciruelas. Las suficientes para alimentar una tradición que no se escribe en recetas, sino en la memoria.

“Pues la temporada de ciruela es ahorita, mediados de abril que empieza”, dice Anapolita, Ana Guzmán Corona, con la naturalidad de quien no necesita calendario para saberlo. Ella es de Zacualpan, del pueblo indígena, y en su huerta “La de los abuelos” -como en muchas otras- la ciruela no es una fruta: es materia prima, sustento y herencia.

Hay variedades. Las nombran como se nombra lo cercano: “borrachas”, tronadoras, tempraneras. Cada una con su carácter, con su tiempo, con su destino en la cocina. La borracha, por ejemplo, es la más buscada. No por su nombre, sino por su sabor. Es la que se vuelve salsa, la que se mezcla con chile, con ajo asado, con el punto exacto que cada cocinera guarda como secreto.

“Pues para los platillos principalmente es la ciruela conocida mejor como ‘La Borracha’. Se puede hacer la salsa de ciruela”, explica Anapolita, mientras describe el proceso como quien improvisa: lavar, cocer, moler, probar. Volver a probar.

En su cocina -como en muchas en la comunidad- esa salsa termina bañando lo que haya: chacales, costillas, pollo. Y todo se vende. Todo se acaba.

La ciruela también se bebe. Se vuelve agua fresca, raspado, ponche. Cambia con el tiempo: verde es ácida, madura es dulce. Una misma fruta, distintos momentos.

Pero hay algo que desconcierta a quien llega por primera vez: los llamados tamales de ciruela. No llevan masa. “Siempre me han preguntado. Se imaginan que es un tamal con masa y puesta la ciruela, pero no”, dice Anapolita. “Los ancestrales así le dejaron el nombre”.

En realidad, es un postre. La ciruela madura se cuece, se seca, se transforma en algo que no tiene forma de tamal, pero sí el nombre. Y el nombre basta para mantener viva la tradición.

En cada platillo hay una lógica que no pasa por recetas escritas, sino por el ensayo, el gusto, la experiencia. “Uno como cocinera le tiene que buscar para que los platillos te den tu sazón”, dice.

Los días 18 y 19 de abril, la comunidad celebrará la Ruta de la Ciruela Zacualpan 2026, un espacio donde la fruta se vuelve excusa para encontrarse.

Habrá comida, sí. Mucha. Pero también habrá recorridos, actividades de ecoturismo, presentaciones culturales. Una muestra de lo que pasa cuando una comunidad organiza lo que tiene y lo comparte.

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